Categoría: nutrición

Existen muchas personas que deciden completar su dieta con suplementos de vitaminas y minerales, porque los consideran verdaderas fórmulas cargadas de salud y bienestar. Pero ¿hasta qué punto es esto cierto?

Las vitaminas y minerales son elementos esenciales para el organismo, que desempeñan importantes funciones necesarias para la vida. Su ingesta es fundamental porque el cuerpo no las produce, por eso hay que incorporarlas a través de una correcta alimentación. El problema radica cuando este tipo de suplementos se toman por la vía de la automedicación, normalmente para combatir situaciones de estrés, agotamiento físico y mental.

Para corregir estas situaciones adecuadamente, es necesario averiguar cuál es la causa que las provoca y poner solución a la misma, como por ejemplo, aumentando las horas de descanso.

Si no existe un déficit previo, la administración de vitaminas o minerales mayor a la necesaria, no tiene ningún efecto positivo sobre nuestra salud, e incluso puede causar efectos negativos, por intoxicación. Generalmente, la cantidad de vitaminas y minerales que el cuerpo necesita es muy pequeña y fácil de cubrir con una dieta variada y equilibrada, rica en verduras, frutas y productos naturales. Los suplementos no deben ser usados como sustitutos de una buena comida ni corrigen una mala alimentación.

Varios estudios han demostrado que los suplementos vitamínicos no son, como pensaban muchos usuarios y publicitan algunas farmacéuticas, el remedio para evitar determinadas enfermedades, como se pensaba con el cáncer o las enfermedades cardiovasculares. Este es el caso de los suplementos de vitamina C, E, D, del grupo B y minerales como el selenio. Lo único realmente probado es que una alimentación variada se acompaña de un mejor estado de salud y previene diversas patologías.
Si es cierto que cuando la ingesta de vitaminas y minerales son menores de las necesarias, existe la probabilidad de desarrollar enfermedades. Es el caso de aquellas personas que lleven una dieta desequilibrada, pacientes que padecen algún tipo de alergia alimentaria, vegetarianos que no consumen ningún derivado animal, personas que padecen alguna enfermedad del aparato digestivo, en caso de insuficiencias renales, por el consumo de medicamentos que interactúan con las vitaminas y minerales, etc. Son casos que a la larga pueden dar lugar a alguna deficiencia vitamínica y/o mineral, que hacen que la suplementación esté justificada. Además existen otros casos, en los que los requerimientos de vitaminas y minerales se encuentran aumentados, como por ejemplo en las mujeres embarazadas, que requieren de suplementos de ácido fólico para prevenir malformaciones en el feto, en los ancianos que suelen asimilar con más dificultad los nutrientes, y en ciertas disciplinas deportivas, con un gran desgaste físico.

Es evidente que los suplementos son muy útiles en determinadas situaciones que los requieran, pero es importante que siempre que se piense en tomar algún suplemento de este tipo, se acuda a un especialista que aclare todas nuestras dudas, nos explique la acción del suplemento recomendado, cómo actúa en el organismo, la dosis que se ajusta a nuestras necesidades y la duración del tratamiento adecuado.

Todo exceso de todo no es bueno, en este caso los productos en los que se mezclan varias vitaminas no suelen conllevar efectos secundarios. En las vitaminas unitarias, en cambio, hay más riesgos. Aunque aclaramos: en el caso de las vitaminas hidrosolubles, como la vitamina C, el ácido fólico o la B12, su ingesta excesiva no plantea apenas problemas, porque se eliminan por la orina. En el caso de las liposolubles, como la A, la E o la D, ingerirlas en exceso puede causar importantes problemas de salud por toxicidad. Igualmente a tener en cuenta con los minerales, como el magnesio que puede provocar diarreas, el fósforo que provoca desmineralización del hueso, el calcio que puede dar lugar a calcificaciones, etc.

En resumen, los suplementos vitamínicos y/o minerales no están indicados para la población general. La mejor prevención y la mejor solución a casos de deficiencias es, por lo general, llevar a cabo una alimentación variada y equilibrada, en la que no falte ningún grupo de alimentos. En caso de que la toma de suplementos vitamínicos y/o minerales esté justificada, consultar con un médico o especialista.

Cada vez son más las personas a las que les sienta mal la leche. Una de las razones de este hecho es la intolerancia a la lactosa, enfermedad muy común actualmente entre la población.
La Lactosa, conocida comúnmente como el azúcar de la leche, está formada por la unión de una molécula de glucosa y otra de galactosa. Se encuentra además de en la leche, en todos sus derivados y en muchos alimentos preparados, como embutidos, panes, purés, sopas, etc. e incluso en muchos medicamentos.

Para que el organismo pueda absorber la lactosa, es necesario romper su estructura, de forma que se separen las moléculas de glucosa y de galactosa. Esta acción es realizada por la enzima Lactasa. La intolerancia a la lactosa se produce cuando no hay suficiente enzima lactasa en el intestino. Así la lactosa no puede digerirse, produciendo una serie de síntomas, entre los que se encuentran el dolor, la hinchazón abdominal, la diarrea, nauseas y gases.

Existen distintos grados de intolerancia a la lactosa y por ende, a la leche y sus derivados, de forma que este problema afecta de distinta manera a las personas que la sufren. Esto significa que habrá personas que puedan tomar una determinada cantidad de lactosa sin sentir síntomas y otras que no la toleren en ningún caso.

La única curación posible para estas personas, es la eliminación de la dieta de los productos que contengan lactosa. Pero la falta de leche en la dieta, como alimento básico y fundamental en la alimentación diaria por su completa composición nutricional, puede producir falta de Calcio, Vitamina D, vitamina B2 y proteínas. Por tanto, resulta esencial consumir otros productos ricos en estas sustancias, así como las dosis diarias recomendadas de vitamina A, C, Fósforo, Magnesio y Potasio, que ayudan a la absorción del calcio.

La compañía Kaiku, pensando en todas las personas que sufren de este trastorno, ha lanzado una línea de productos “KAIKU SIN LACTOSA PLUS”, ideal para las personas intolerantes a la lactosa y para aquellas que no lo son pero sufren de digestión pesada tras la ingestión de leche y/o sus derivados.

Podéis obtener más información en su página web http://www.kaikusinlactosa.com.
Y aún va más allá, pues ha creado una cuenta en Facebook, donde podréis compartir información, recetas y en definitiva, vuestra experiencia con muchas personas que comparten este mismo problema.

Existen diferentes creencias populares en relación con el agua de la dieta. En esta entrada pretendemos aclarar aquellas dudas que pueda haber sobre este tema.

Uno de los mitos más escuchados es aquel que asegura que el agua engorda si se toma durante las comidas. A esto debemos responder diciendo que el agua es un alimento acalórico, es decir, sus nutrientes no proporcionan energía. Por lo tanto no puede engordar.

Las bebidas, como cualquier otro alimento, aportan una determinada cantidad de energía, según el tipo y la cantidad de nutrientes que contenga. Esta energía que aporta va a ser la misma en todo momento. Los alimentos no tienen la capacidad de engordar más o menos si se toman antes, durante o después de las comidas.

Beber 1-2 vasos de agua antes de las comidas, puede producir sensación de saciedad y calmar el apetito. Ayuda a comer menos durante la comida, lo que hace que se aporten menos calorías y es por ello un método muy utilizado durante la realización de dietas de adelgazamiento.

El hecho de tomar agua o cualquier otra bebida, durante o justo después de las comidas, puede ser en cierto grado desaconsejable, para aquellas personas que padecen digestiones difíciles o pesadas. Esto es debido a que los jugos gástricos tienden a diluirse y, como consecuencia de ello, la digestión se hace más lenta aún, para este tipo de personas. Sin embargo, para quienes no sufren ningún trastorno digestivo, no existe una explicación dietética que justifique que no se pueda ingerir líquidos en cualquier momento de la comida.

Otra idea errónea que se escucha sobre el agua es su capacidad para quemar calorías. Es una idea sin ningún fundamento. El hecho de beber grandes cantidades de agua, no supone por sí mismo, la pérdida de peso. La única forma de bajar de peso es limitando el consumo de alimentos, así que si se come lo que no se debe y se acompaña de un vaso de agua, no se le puede echar la culpa a este último si se coge algún kilo.
Es cierto que beber la cantidad de agua recomendada al día, ayuda a eliminar líquidos y a depurarnos. El cuerpo cuando ingerimos poca agua tiende a retenerla, como modo de evitar la deshidratación. Sin embargo cuando su aporte es el adecuado, se elimina de forma eficaz, junto con los residuos orgánicos y productos tóxicos generados durante el metabolismo orgánico, lo que ayuda a limpiarnos interiormente. Otro aspecto a tener en cuenta es que el organismo no retiene líquidos en situaciones normales, a no ser que exista alguna patología de base, en este caso lo recomendable es acudir al médico, que se encargará de darnos las soluciones pertinentes.
Es importante consumir una cantidad adecuada de agua, entre 1,5 y 2 litros diarios, para evitar la deshidratación. Esta cantidad va a variar dependiendo del nivel de actividad, la temperatura, la humedad y otros factores individuales de cada persona, pues hay que tener en cuenta que más de la mitad de nuestro peso (en torno al 60 %) es agua. La forma correcta de ingerir este agua es dividiendo la cantidad total en varias tomas a lo largo del día y empezando por la mañana, para asegurar en todo momento la cantidad de agua necesaria.

Este artículo pertenece a una serie sobre MITOS SOBRE ALIMENTACIÓN. Puedes ver el resto AQUÍ

Es muy común que la población en general esté informada de que las grasas vegetales son más saludables que las grasas de origen animal. Todo se debe a su composición; las grasas vegetales se caracterizan por su contenido en ácidos grasos insaturados y poliinsaturados, más saludables que los ácidos grasos saturados y el colesterol, característicos de las grasas animales.

Sin embargo, solo una minoría de la población podría identificar un tercer tipo de grasas de procedencia básicamente industrial: las grasas hidrogenadas o “trans”.

Estas grasas se encuentran de forma natural, en pequeñas cantidades, en la leche y la grasa corporal de los rumiantes. Aunque la mayoría de estas grasas se producen de manera artificial añadiendo átomos de hidrógeno a otras grasas vegetales. El proceso es conocido como hidrogenación, que provoca que las grasas insaturadas y/o poliinsaturadas se conviertan en saturadas.

Hace años la industria alimentaria descubrió que por este proceso se obtenían aceites muy baratos para la fritura, se mejoraba la palatabilidad de los productos, se convertían grasas líquidas en pastas más sólidas y por tanto más fáciles de untar, logrando además alimentos más perdurables ya que se frena el proceso de enranciamiento de las grasas.

Debido a su enorme utilidad industrial, por hacer el producto más duradero y con más sabor, las grasas trans se encuentran en muchos alimentos: productos precocinados, mantequilla y margarina, frituras, bollería industrial, comida rápida, galletas, golosinas y aperitivos.

Los estudios demuestran que las grasas trans inciden negativamente en todos y cada uno de los parámetros que favorecen el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, muerte súbita cardíaca, diabetes Mellitus II, inflamación y disfunción de la pared de los vasos sanguíneos, incluso se asocian con el mayor riesgo de desarrollo de algunos cánceres:

- Elevan el colesterol sanguíneo total (aumenta el colesterol LDL “malo” y disminuye el colesterol HDL “bueno”).
- Alteran el metabolismo normal de los ácidos grasos en los adipocitos (células que contienen las grasas).
- Favorecen la resistencia a la insulina lo que empeora el pronóstico de diabetes
- Desencadenan procesos inflamatorios que a su vez aceleran la degeneración de los vasos sanguíneos, empeorando la circulación sanguínea.

Debe restringirse al máximo su consumo ya que no hay justificación nutricional que las recomienden. Para ellos se debe tratar de:
1. Dar prioridad a los alimentos naturales cocinados en casa
2. Evitar la comida rápida, precocinados, salsas envasadas, “snacks”, aperitivos en bolsa, frituras, bollería industrial y comida grasa en general.
3. Mirar el etiquetado nutricional, comparar unos productos con otros y optar por los menos grasos y con una composición grasa más saludable, es decir, con menos contenido en grasas saturadas, hidrogenadas o trans.
4. Llamar a los teléfonos de atención al consumidor cuando se tenga cualquier duda.

La cada vez mayor preocupación por la salud y el culto al cuerpo hace que en muchas ocasiones, nos dejemos guiar por consejos que se han ido transmitiendo de boca en boca, recomendaciones de supuestos expertos nutricionistas y recomendaciones dietéticas cuya procedencia no está contrastada científicamente o procede de fuentes poco fiables.

Un mito muy difundido actualmente, es que la fruta engorda si se toma después de comer, porque fermenta en el estómago. Esta afirmación es absurda, la fruta no fermenta en el estómago, independientemente de que se tome antes o después de comer. No existe ninguna razón científica que sustente esta afirmación.

El estómago es una cavidad única donde todos los alimentos que hemos ingerido se mezclan por igual junto con los jugos gástricos, por lo que la fruta no queda separada del resto de alimentos.
La energía que aporta un alimento depende de su contenido en nutrientes energéticos, es decir, en hidratos de carbono, proteínas y grasas. Las vitaminas, los minerales, el agua o la fibra son nutrientes que no aportan energía. Las frutas en general destacan por su elevado contenido en agua y mínimo contenido en grasas, salgo el aguacate y el coco, por lo que son alimentos pocos calóricos. No todas las frutas contienen la misma cantidad de nutrientes energéticos, de forma que a igual cantidad de cada una, no todas engordan lo mismo. Por ejemplo, no es lo mismo tomarse 100 gramos de melón que 100 gramos de plátano. Tal cantidad de melón supone ingerir 31calorías, contra las 90 calorías del plátano, o sea, aproximadamente el triple. Estas calorías van a ser las mismas si las tomas antes, durante o después de comer sin ninguna excepción.

La razón de recomendar tomar la fruta antes de comer o entre las principales comidas, no es otra que evitar llegar a éstas con mucha hambre y así controlar mejor las cantidades que se vayan a ingerir. En las dietas de adelgazamiento o de control de peso, la fruta es la mejor opción tanto a media mañana como a la hora de la merienda, ya que disminuye el apetito y su aporte calórico suele ser menor que cualquier otro aperitivo.
El orden en que se ingieren los alimentos no importa si la cantidad de calorías es la misma

Si es cierto que algunas personas con estómago delicado, problemas de digestión o enfermedad digestiva, pueden sentir pesadez o malestar cuando toman fruta de postre. En estos casos particulares si es recomendable que se tome la fruta únicamente entre horas. Sin embargo dichas molestias no se pueden relacionar con la supuesta fermentación de las frutas. Si las frutas fermentasen en el estómago darían problemas digestivos a todas las personas que las tomasen tras las comidas, sin embargo existen personas que no solo no presentan ninguna molestia, sino que sienten que no han acabado de comer si no toman una pieza de fruta como postre. Otro caso es el de aquellas personas que sienten deseo de tomar algo dulce después de comer, no hay nada mejor que dejar a la fruta para tomarla en ese momento, sin correr el riesgo de recurrir a cualquier otro producto menos saludable y más calórico, como algún dulce o chocolate.
En cualquier caso, no podemos olvidar tomar 3 piezas de fruta al día, ya sean tomadas entre horas o tras las comidas, para así llevar a cabo una dieta sana y equilibrada que favorezca nuestro estado de salud.
Las calorías que aporta un alimento son las mismas sea cual sea la hora o el momento en que se tome. Es decir, a igual cantidad de alimentos, las calorías y el metabolismo de cualquiera de ellos es el mismo se tome en el orden que se tome.

Desde hace ya algún tiempo circula una falsa noticia en internet, hablando sobre el producto Actimel® de Danone. Internet es como una puerta abierta que nos lleva a un mundo infinito de información y debemos utilizar el sentido común y comprobar si la información que leemos es verdadera o no, conociendo su fuente, analizando si proviene de un organismo o una entidad oficial y seria, probando si se ha demostrado científicamente y ha sido verificada por la autoridad sanitaria.

En este caso, las propiedades beneficiosas del producto Actimel®, han sido valoradas de forma positiva por numerosos organismos, entre ellos el grupo de Revisión y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN), por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que confirma que existen fermentos que tienen un efecto benéfico sobre el organismo.

Nuestro cuerpo es incapaz de generar estos fermentos por sí mismo, por ello es necesario incorporarlos de manera externa. Así nace Actimel, que no es más que un alimento de origen lácteo que contiene Lactobacillus Casei inmunitas, un fermento cuya principal función es participar en el fortalecimiento de las defensas naturales del organismo. Adjunto podéis comprobar varios comunicados trasmitidos por estos organismos y que valoran como falsas ciertas afirmaciones que circulan por la red sobre el producto Actimel.
El intestino actúa como punto de entrada de nutrientes hacia la circulación y como barrera contra toxinas, microorganismos causantes de ciertas enfermedades y otros elementos negativos. Cuando se altera la integridad intestinal, se puede perder esta capacidad de barrera, por lo que estos elementos negativos pueden entrar en nuestro organismo fácilmente. La integridad intestinal se altera por cambios en la microflora intestinal (conjunto de bacterias intestinales beneficiosas que se establece los primeros años de vida y permanece estable, salvo periodos transitorios y reversibles) y en la alimentación.

Es muy importante apoyar nutricionalmente a nuestra microflora intestinal, lo que se puede conseguir al ingerir dos tipos de alimentos: los PREBIÓTICOS y los PROBIÓTICOS.

Los prebióticos son productos alimenticios no digeribles que estimulan el crecimiento de especies bacterianas ya presentes en el colon. Son ejemplos de estos alimentos la fibra alimentaria: los fructooligosacáridos (FOS), la inulina y la hemicelulosa.

Un alimento probiótico es aquel que contiene microorganismos vivos y promueven el desarrollo de bacterias beneficiosas (Lactobacillus y Bifidubacterias). En la actualidad, los únicos alimentos probióticos que hay en el mercado son:

Yogures: leche fermentada con bacterias lácticas Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus o acidofilus. En este grupo no entran los yogures pasteurizados después de la fermentación.
Leches fermentadas: productos de aspecto similar al yogur, pero fermentados con otro tipo de bacterias como Bifidobacterias y Lactobacillus casei imunitass.
Bebidas: contienen zumo, leche fermentada y cultivos de bacterias.

A continuación se nombran los efectos beneficiosos que ejercen los probióticos sobre el organismo.

- Tomados en cantidades suficientes contribuyen al equilibrio de la microflora intestinal.
- Estos microorganismos son altamente competitivos, tanto que limitan la presencia de cualquier otro microorganismo en el intestino, como los microorganismos patógenos, con la consiguiente ventaja para nuestra salud.
- En general, el yogur y las leches fermentadas con probióticos son mejor toleradas que la leche por las personas intolerantes a la lactosa.
- Estabilizan y mejoran enfermedades que afectan al intestino, como la enfermedad de Crohn y la Colitis Ulcerosa.
- Mejoran la digestión.
- Regulan el tránsito intestinal, tanto en personas con tendencia a padecer estreñimiento, como en aquellas con tendencia a presentar diarreas y ayudan a regular el exceso de gases.
- Potencian el sistema inmunológico.
- Estudios epidemiológicos recientes han encontrado una relación inversa entre el riesgo de presentar diversos tipos de cáncer y el consumo de dietas que incluyen alimentos probióticos.
- Disminuyen el riesgo cardiovascular y la diabetes, debido a que además de regular el tránsito, contribuyen a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos, así como a un mejor control de la glucemia.
- Previenen y mejoran las enfermedades alérgicas.
- Aumentan la captación de nutrientes y favorecen la síntesis de vitaminas, la absorción de minerales y mejoran la mineralización ósea.
- Previenen de enfermedades urogenitales.
- Cada vez hay mayor evidencia científica de la eficacia de estos productos.

En este sentido el producto Actimel entra dentro de los alimentos probióticos y funcionales. Un alimento funcional es aquel que contiene un componente, con efecto selectivo sobre una o varias funciones del organismo, con un efecto añadido por encima de su valor nutricional y cuyos efectos positivos justifican que pueda reivindicarse su carácter saludable por promocionar la salud, mejorar el bienestar y reducir el riesgo de desarrollar enfermedades.
Aún así, hay que disfrutar de estos alimentos sabiendo que no son indispensables y no curan ni previenen por sí solos enfermedades. Simplemente son una opción a tener en cuenta en circunstancias concretas (deportistas de elite, personas que padecen alteraciones o enfermedades como diabetes, obesidad, alteraciones digestivas, etc.) y teniendo en cuenta que su inclusión en la dieta deberá ser valorada previamente por un profesional.
En cualquier caso, la ingestión de alimentos prebióticos, probióticos o funcionales debe hacerse en el marco de una alimentación variada y equilibrada. Bien es sabido que la dieta desempeña un papel determinante en todas las etapas de la vida y es un factor implicado en la prevención y tratamiento de muchas enfermedades, junto con unos hábitos de vida saludables, como la práctica regular de ejercicio, el abandono de hábitos tóxicos (tabaco, exceso de alcohol…) y la disminución del estrés.

Informe del Grupo de Revisión y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN)
Informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

La potomanía es un trastorno alimentario, que puede ser síntoma de un desequilibrio psiquiátrico. Consiste en un deseo incontrolable y compulsivo de beber grandes cantidades de líquido sin sentir realmente sed. Esta ingestión exagerada de líquidos se acompaña de una agradable sensación de placer en las personas que sufren este trastorno, aunque puede tener consecuencias negativas para la salud.

Es muy común que los episodios de potomanía se relacionen con las personas que quieren bajar de peso por medio de un consumo exagerado de agua, con el que pretenden “engañar al estómago” al llenarlo con agua en lugar de hacerlo con comida. Se han dado también casos en atletas de alto rendimiento que consumen muchos más litros de agua de los que su organismo precisa, ante la preocupación que tienen de prevenir la deshidratación. En estas situaciones conviene estar alerta para descartar un trastorno por falta de control a la hora de beber agua.

Cuando una persona es consciente de que bebe demasiada agua, alrededor de siete o más litros al día, debe acudir al especialista en endocrinología con el fin de descartar cualquier trastorno hormonal u otra patología.

El agua es el componente más abundante del cuerpo humano, tanto es así que representa más de la mitad del peso corporal, en torno al 55%-60%. Para conseguir mantener en equilibrio la cantidad de agua que necesita el organismo, una persona sana necesita alrededor de dos litros y medio de agua al día, que obtiene de tres fuentes: del líquido que ingiere, de los alimentos que consume y del que produce dentro del organismo como consecuencia del metabolismo, aunque esta cantidad es pequeña, en torno a 350 mililitros.

Las frutas, las verduras y las hortalizas son los alimentos que más agua contienen.
Los riñones juegan un papel crucial en la regulación de los líquidos corporales. Éstos se encargan de eliminar el exceso de líquidos o bien de conservarlos en casos de deshidratación, produciendo mayor o menor cantidad de orina. El cuerpo trata de mantener un nivel constante de agua total y de electrolitos, entre ellos el sodio. Cuando éste es elevado, el cuerpo retiene agua para diluir el exceso de sodio en el medio, aumentando la sensación de sed y produciendo menos orina. Por el contrario, cuando la concentración de sodio desciende demasiado, los riñones excretan más agua para restaurar el equilibrio.

El problema surge cuando se dan episodios repetidos y mantenidos de potomanía, lo que puede llegar a alterar el buen funcionamiento de los riñones, provocar que los componentes de la sangre se diluyan y se produzca un desequilibrio de los fluidos y de la concentración de electrolitos dentro del organismo. Uno de estos desequilibrios en la concentración de electrolitos es la hiponatremia, que consiste en que el organismo concentra una cantidad muy baja de sodio en la sangre (inferior a 120 mEq/l), lo que puede provocar en los casos más graves, nauseas, cefaleas, cansancio injustificado, convulsiones y coma.

La concentración de agua está equilibrada cuando se compensan las pérdidas diarias y, para ello, las personas sanas, con un funcionamiento normal de los riñones y que no transpiren en exceso, deben beber al menos un litro y medio de líquidos cada día. El sudor, una alimentación muy salada, los vómitos y las diarreas duraderas o infecciones diversas acompañadas de fiebre, son los causantes del aumento de las necesidades de agua diaria.

El tratamiento de la potomanía depende de la causa de base. Para averiguar cuál es ésta, debemos acudir al médico, quien analizará la situación y nos pondrá el tratamiento necesario, aunque por lo general, el primer paso sería restringir el consumo de líquidos a 1,5-2 litros diarios como máximo.

Vamos con el tercer articulo sobre los mitos sobre alimentación. Después de el pan engorda y  “ los alimentos light adelgazan, hoy hablaremos sobre si es cierto que saltarse comidas adelgaza.

Un método común entre la población, pero nada saludables para perder peso, es saltarse alguna comida del día.

Los especialistas aconsejan realizar 5 tomas diarias (desayuno, media mañana, comida, merienda y cena), lo que ayuda a no llegar con excesiva hambre y ansiedad a la siguiente toma. Nos ayuda a controlar la ingesta de grandes cantidades de comida, a evitar picar entre horas y a aumentar de peso por estos motivos.

Saltarse una comida provoca que nuestro organismo produzca más insulina, esta hormona es la responsable de transportar la glucosa que hay en la sangre hasta las células, para su utilización. A más cantidad de insulina producida, más necesidad tiene el organismo de alimentos, por lo tanto, en la siguiente toma el apetito será más voraz y nuestra ingesta será mayor. Por este motivo el saltarse una comida no sólo no ayuda al control de peso, sino que contribuye al incremento del riesgo de sobrepeso/obesidad.

Además puede ser una de las causas directas de la aparición de la diabetes tipo 2. El saltarse una comida requiere un mayor trabajo para el páncreas, que se ve obligado a producir más insulina. Esta sobrecarga del páncreas es la que puede generar que a la larga no se produzca la cantidad de insulina que el cuerpo necesita, la glucosa en sangre no puede llegar a las células, generando los síntomas de la diabetes.
Otro de los aspectos negativos de no realizar todas las tomas diarias, es que puede dar lugar a una hipoglucemia, comúnmente conocido como bajada de azúcar. En las personas sanas se produce cuando se someten a un ayuno muy prolongado. Los síntomas asociados a la bajada de azúcar son, entre otros, desorientación, visión borrosa, cansancio injustificado, temblores, y en los casos más graves, convulsiones, pérdida de conciencia, coma e incluso la muerte.
Si además se realiza una dieta rigurosa, se eleva el riesgo de padecer algún trastorno alimentario, como la anorexia o la bulimia. En el primer caso, el afectado evita comer por el miedo a engordar. La bulimia se caracteriza por la consecución de episodios en los que el paciente ingiere grandes cantidades de comida que después vomita, al generarse un sentimiento de culpabilidad y remordimiento.
Por todo ello, la forma más sana para perder peso, es aquella en la que se recurra siempre, a una dieta equilibrada y personalizada que se ajuste a las necesidades particulares de cada persona. Es importante tomar alimentos sanos y naturales enmarcados en una dieta saludable, donde se eviten aquellos alimentos muy energéticos, reduciendo al mismo tiempo el tamaño de las raciones. Se debe realizar, además, un mínimo de ejercicio físico a la semana y se tendrá que evitar el exceso de alcohol y el tabaco. Si cuidamos todos estos aspectos, lograremos la meta deseada, gozar de un aspecto y un estado físico saludable.

Esta noticia ha sorprendido, de forma muy positiva, a todas las personas amantes del chocolate que no se niegan a caer en la tentación de este delicioso bocado, pero quieren quitarse esos kilos de más que les sobran.

El bombón de chocolate, llamado LOLA,  ha sido iniciativa de Dis Natural, una empresa de Elda (Alicante), que ha creado un producto 100% natural  y con una probabilidad de éxito rotundamente asegurada.

El proyecto ha contado con más de dos años de investigación y es el primer y único del mundo con propiedades saciantes e inhibidoras del apetito y aprobado por el Instituto Tecnológico Agroalimentario Español.

Con un sabor igual al de cualquier otro bombón, estos chocolates están compuestos por cacao, jojoba y espirulina, una combinación bioquímica perfecta, sin colesterol y con una base científica totalmente demostrada.

Por todos son conocidas las interesantes y extraordinarias propiedades del cacao, por su alto contenido en antioxidantes, flavonoides y teobromina, que proporciona una sensación de bienestar aumentando nuestro estado de ánimo. La espirulina es un alga microscópica con propiedades saciantes y de alto contenido nutricional, ya que aporta todos los aminoácidos esenciales, y una cantidad significativa de minerales (sobre todo, hierro, zinc y calcio) y vitaminas (vitamina A, B1 y sobre todo B12). Sobre los aminoácidos que incluye, hay que destacar a la Fenilalanina, capaz de estimular a la colecistoquinina (CCK): hormona gastrointestinal que estimula la producción de enzimas y elimina la sensación de hambre a nivel cerebral y digestivo. El aminoácido Arginina, aportado de forma destacable por la espirulina, estimula la hormona de crecimiento, que actúa utilizando las grasas para el desarrollo muscular. Del mismo modo, otro aminoácido importante es la Tirosina, un aminoácido que tiene la capacidad de aumentar la utilización de las grasas para la formación de tejido muscular.

Por último, el bombón LOLA también incluye jojoba, una planta que contiene de forma natural un glicósido denominado simmondsina, con capacidad para disminuir el apetito.

Así, por sus propiedades saciantes e inhibidoras del apetito, el bombón LOLA está especialmente indicado para personas interesadas en perder peso, aunque las probabilidades de conseguir este objetivo se verán enormemente aumentadas, si al mismo tiempo se modifican aquellos patrones alimentarios y hábitos de vida no saludables, como llevar una dieta equilibrada y realizar un mínimo de ejercicio físico. Su consumo está contraindicado en niños y niñas en etapa de crecimiento,  en mujeres embarazadas y en aquellas personas fenilcetonúricas.
Para que resulten efectivos y se produzca la sensación de saciedad deseada, se debe ingerir uno o dos bombones de 15 gramos cada uno, aproximadamente 1 hora antes de las principales comidas.
Para más información, visitad su página web: www.disnatural.com

El pan como todos los cereales y sus derivados (arroz, pasta…), legumbres, patatas, frutas y verduras, es fuente fundamentalmente de hidratos de carbono. Los hidratos de carbono son la principal fuente de energía para nuestro cuerpo, de hecho deben representar más de la mitad de nuestra dieta diaria, entre el 50 y el 60 %. Así que como vemos, todos estos alimentos son fundamentales en cualquier dieta diaria equilibrada y deben consumirse prácticamente en todas las comidas del día, lógicamente, en las cantidades que cada persona necesite según sus características.

El pan no engorda tanto como se piensa, el problema surge cuando lo acompañamos de alimentos muy calóricos o grasos, que hacen que las calorías totales se multipliquen: embutidos, salsas que mojamos con él, mantequilla, mermeladas, etc.

Para muchas personas, suprimir el pan de la alimentación es una de las mejores maneras de evitar o corregir el exceso de peso. Pero aunque el pan aporta energía, su consumo no es causa directa del aumento de peso, siempre y cuando se respete la cantidad recomendada para cada caso.

Los ingredientes básicos que incluye el pan son la harina de trigo, el agua, la levadura y la sal. A los picos o colines, ciertas variedades de pan de molde y pan tostado, se les suele añadir además algún tipo de grasa, por eso su contenido calórico es significativamente mayor, y por tanto son menos recomendables. El pan más saludable es aquel fabricado de forma artesanal en las panaderías de siempre, y si lo elegimos integral, de semillas o demás cereales como el centeno, mucho mejor. Todos los cereales integrales son una fuente importante de fibra y contienen más vitaminas y minerales que los productos de su mismo tipo no integrales. Además esta fibra aumenta la saciedad y hace que se absorban menos grasas, por lo que al final del día, habremos conseguido ahorrarnos una cantidad no despreciable de calorías y grasas, aspectos muy beneficiosos para todas aquellas personas que deseen perder peso, o sufran alguna enfermedad en la cual deban controlar la cantidad de grasas de su dieta. Además hoy en día también encontramos fácilmente panes sin sal, los más aconsejados en casos de hipertensión, retención de líquidos y otras afecciones que requieran controlar el contenido en sal de la dieta.
Conclusión: todas las personas puedan tomar pan en su dieta diaria, respetando las cantidades y siempre que el resto de la dieta sea equilibrada y se acompañe de alguna actividad física.

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