Existen muchas personas que deciden completar su dieta con suplementos de vitaminas y minerales, porque los consideran verdaderas fórmulas cargadas de salud y bienestar. Pero ¿hasta qué punto es esto cierto?
Para corregir estas situaciones adecuadamente, es necesario averiguar cuál es la causa que las provoca y poner solución a la misma, como por ejemplo, aumentando las horas de descanso.
Si no existe un déficit previo, la administración de vitaminas o minerales mayor a la necesaria, no tiene ningún efecto positivo sobre nuestra salud, e incluso puede causar efectos negativos, por intoxicación. Generalmente, la cantidad de vitaminas y minerales que el cuerpo necesita es muy pequeña y fácil de cubrir con una dieta variada y equilibrada, rica en verduras, frutas y productos naturales. Los suplementos no deben ser usados como sustitutos de una buena comida ni corrigen una mala alimentación.
Varios estudios han demostrado que los suplementos vitamínicos no son, como pensaban muchos usuarios y publicitan algunas farmacéuticas, el remedio para evitar determinadas enfermedades, como se pensaba con el cáncer o las enfermedades cardiovasculares. Este es el caso de los suplementos de vitamina C, E, D, del grupo B y minerales como el selenio. Lo único realmente probado es que una alimentación variada se acompaña de un mejor estado de salud y previene diversas patologías.
Si es cierto que cuando la ingesta de vitaminas y minerales son menores de las necesarias, existe la probabilidad de desarrollar enfermedades. Es el caso de aquellas personas que lleven una dieta desequilibrada, pacientes que padecen algún tipo de alergia alimentaria, vegetarianos que no consumen ningún derivado animal, personas que padecen alguna enfermedad del aparato digestivo, en caso de insuficiencias renales, por el consumo de medicamentos que interactúan con las vitaminas y minerales, etc. Son casos que a la larga pueden dar lugar a alguna deficiencia vitamínica y/o mineral, que hacen que la suplementación esté justificada. Además existen otros casos, en los que los requerimientos de vitaminas y minerales se encuentran aumentados, como por ejemplo en las mujeres embarazadas, que requieren de suplementos de ácido fólico para prevenir malformaciones en el feto, en los ancianos que suelen asimilar con más dificultad los nutrientes, y en ciertas disciplinas deportivas, con un gran desgaste físico.
Es evidente que los suplementos son muy útiles en determinadas situaciones que los requieran, pero es importante que siempre que se piense en tomar algún suplemento de este tipo, se acuda a un especialista que aclare todas nuestras dudas, nos explique la acción del suplemento recomendado, cómo actúa en el organismo, la dosis que se ajusta a nuestras necesidades y la duración del tratamiento adecuado.
Todo exceso de todo no es bueno, en este caso los productos en los que se mezclan varias vitaminas no suelen conllevar efectos secundarios. En las vitaminas unitarias, en cambio, hay más riesgos. Aunque aclaramos: en el caso de las vitaminas hidrosolubles, como la vitamina C, el ácido fólico o la B12, su ingesta excesiva no plantea apenas problemas, porque se eliminan por la orina. En el caso de las liposolubles, como la A, la E o la D, ingerirlas en exceso puede causar importantes problemas de salud por toxicidad. Igualmente a tener en cuenta con los minerales, como el magnesio que puede provocar diarreas, el fósforo que provoca desmineralización del hueso, el calcio que puede dar lugar a calcificaciones, etc.
En resumen, los suplementos vitamínicos y/o minerales no están indicados para la población general. La mejor prevención y la mejor solución a casos de deficiencias es, por lo general, llevar a cabo una alimentación variada y equilibrada, en la que no falte ningún grupo de alimentos. En caso de que la toma de suplementos vitamínicos y/o minerales esté justificada, consultar con un médico o especialista.










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