Existen diferentes creencias populares en relación con el agua de la dieta. En esta entrada pretendemos aclarar aquellas dudas que pueda haber sobre este tema.

Uno de los mitos más escuchados es aquel que asegura que el agua engorda si se toma durante las comidas. A esto debemos responder diciendo que el agua es un alimento acalórico, es decir, sus nutrientes no proporcionan energía. Por lo tanto no puede engordar.

Las bebidas, como cualquier otro alimento, aportan una determinada cantidad de energía, según el tipo y la cantidad de nutrientes que contenga. Esta energía que aporta va a ser la misma en todo momento. Los alimentos no tienen la capacidad de engordar más o menos si se toman antes, durante o después de las comidas.

Beber 1-2 vasos de agua antes de las comidas, puede producir sensación de saciedad y calmar el apetito. Ayuda a comer menos durante la comida, lo que hace que se aporten menos calorías y es por ello un método muy utilizado durante la realización de dietas de adelgazamiento.

El hecho de tomar agua o cualquier otra bebida, durante o justo después de las comidas, puede ser en cierto grado desaconsejable, para aquellas personas que padecen digestiones difíciles o pesadas. Esto es debido a que los jugos gástricos tienden a diluirse y, como consecuencia de ello, la digestión se hace más lenta aún, para este tipo de personas. Sin embargo, para quienes no sufren ningún trastorno digestivo, no existe una explicación dietética que justifique que no se pueda ingerir líquidos en cualquier momento de la comida.

Otra idea errónea que se escucha sobre el agua es su capacidad para quemar calorías. Es una idea sin ningún fundamento. El hecho de beber grandes cantidades de agua, no supone por sí mismo, la pérdida de peso. La única forma de bajar de peso es limitando el consumo de alimentos, así que si se come lo que no se debe y se acompaña de un vaso de agua, no se le puede echar la culpa a este último si se coge algún kilo.
Es cierto que beber la cantidad de agua recomendada al día, ayuda a eliminar líquidos y a depurarnos. El cuerpo cuando ingerimos poca agua tiende a retenerla, como modo de evitar la deshidratación. Sin embargo cuando su aporte es el adecuado, se elimina de forma eficaz, junto con los residuos orgánicos y productos tóxicos generados durante el metabolismo orgánico, lo que ayuda a limpiarnos interiormente. Otro aspecto a tener en cuenta es que el organismo no retiene líquidos en situaciones normales, a no ser que exista alguna patología de base, en este caso lo recomendable es acudir al médico, que se encargará de darnos las soluciones pertinentes.
Es importante consumir una cantidad adecuada de agua, entre 1,5 y 2 litros diarios, para evitar la deshidratación. Esta cantidad va a variar dependiendo del nivel de actividad, la temperatura, la humedad y otros factores individuales de cada persona, pues hay que tener en cuenta que más de la mitad de nuestro peso (en torno al 60 %) es agua. La forma correcta de ingerir este agua es dividiendo la cantidad total en varias tomas a lo largo del día y empezando por la mañana, para asegurar en todo momento la cantidad de agua necesaria.

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La potomanía es un trastorno alimentario, que puede ser síntoma de un desequilibrio psiquiátrico. Consiste en un deseo incontrolable y compulsivo de beber grandes cantidades de líquido sin sentir realmente sed. Esta ingestión exagerada de líquidos se acompaña de una agradable sensación de placer en las personas que sufren este trastorno, aunque puede tener consecuencias negativas para la salud.

Es muy común que los episodios de potomanía se relacionen con las personas que quieren bajar de peso por medio de un consumo exagerado de agua, con el que pretenden “engañar al estómago” al llenarlo con agua en lugar de hacerlo con comida. Se han dado también casos en atletas de alto rendimiento que consumen muchos más litros de agua de los que su organismo precisa, ante la preocupación que tienen de prevenir la deshidratación. En estas situaciones conviene estar alerta para descartar un trastorno por falta de control a la hora de beber agua.

Cuando una persona es consciente de que bebe demasiada agua, alrededor de siete o más litros al día, debe acudir al especialista en endocrinología con el fin de descartar cualquier trastorno hormonal u otra patología.

El agua es el componente más abundante del cuerpo humano, tanto es así que representa más de la mitad del peso corporal, en torno al 55%-60%. Para conseguir mantener en equilibrio la cantidad de agua que necesita el organismo, una persona sana necesita alrededor de dos litros y medio de agua al día, que obtiene de tres fuentes: del líquido que ingiere, de los alimentos que consume y del que produce dentro del organismo como consecuencia del metabolismo, aunque esta cantidad es pequeña, en torno a 350 mililitros.

Las frutas, las verduras y las hortalizas son los alimentos que más agua contienen.
Los riñones juegan un papel crucial en la regulación de los líquidos corporales. Éstos se encargan de eliminar el exceso de líquidos o bien de conservarlos en casos de deshidratación, produciendo mayor o menor cantidad de orina. El cuerpo trata de mantener un nivel constante de agua total y de electrolitos, entre ellos el sodio. Cuando éste es elevado, el cuerpo retiene agua para diluir el exceso de sodio en el medio, aumentando la sensación de sed y produciendo menos orina. Por el contrario, cuando la concentración de sodio desciende demasiado, los riñones excretan más agua para restaurar el equilibrio.

El problema surge cuando se dan episodios repetidos y mantenidos de potomanía, lo que puede llegar a alterar el buen funcionamiento de los riñones, provocar que los componentes de la sangre se diluyan y se produzca un desequilibrio de los fluidos y de la concentración de electrolitos dentro del organismo. Uno de estos desequilibrios en la concentración de electrolitos es la hiponatremia, que consiste en que el organismo concentra una cantidad muy baja de sodio en la sangre (inferior a 120 mEq/l), lo que puede provocar en los casos más graves, nauseas, cefaleas, cansancio injustificado, convulsiones y coma.

La concentración de agua está equilibrada cuando se compensan las pérdidas diarias y, para ello, las personas sanas, con un funcionamiento normal de los riñones y que no transpiren en exceso, deben beber al menos un litro y medio de líquidos cada día. El sudor, una alimentación muy salada, los vómitos y las diarreas duraderas o infecciones diversas acompañadas de fiebre, son los causantes del aumento de las necesidades de agua diaria.

El tratamiento de la potomanía depende de la causa de base. Para averiguar cuál es ésta, debemos acudir al médico, quien analizará la situación y nos pondrá el tratamiento necesario, aunque por lo general, el primer paso sería restringir el consumo de líquidos a 1,5-2 litros diarios como máximo.